México, 30 Jul (Notimex).- El Templo de Nuestra Señora de la Asunción de Ixcateopan es un santuario cívico en el que no faltan ingredientes religiosos, míticos y aún esotéricos, en el que sigue fresca y viva la memoria de Cuauhtémoc, el último emperador azteca.
Ubicado en el estado de Guerrero, el recinto es visitado por
arqueólogos, antropólogos e historiadores ávidos de conocer el lugar
donde nació Cuauhtémoc y donde se preservan sus restos.
El tlatoani azteca es, desde 1521, un símbolo de identidad
etnocultural, nacionalismo y resistencia, que convoca a devotos
indígenas de México y de otras naciones de América, incluidas Estados
Unidos y Canadá, así como a danzantes, turistas, estudiantes y
personalidades académicas.
Ixcateopan se encuentra a 40 kilómetros al noreste de Taxco, en
el paisaje austero y silencioso de la sierra norte de Guerrero, tiene
la misma arquitectura colonial de la ciudad platera, pero está menos
conservada y en sus construcciones, resalta el uso de mármol sin
pulir.
Las dos fechas de mayor concurrencia en Ixcateopan son el 23 de
febrero (1501), día del nacimiento de Cuauhtémoc, y el 28 de febrero
(1525), cuando fue ahorcado por órdenes del conquistador Hernán
Cortés en Teotila, en Izancanac, reino de Acalan, Chiapas.
Su asesinato ocurrió mientras Cortés viajaba a Las Hibueras
(Honduras) para someter a Cristóbal de Olid que se había alzado con
la tierra.
"El día de su nacimiento vienen muchos grupos de danza. Algunos
proceden de Estados Unidos, Canadá y América del Sur. Le ponen
ofrendas, le bailan y cantan en distintas lenguas", afirmó Martha
Alquisiras, encargada de la iglesia convertida en museo.
Las ofrendas que se colocan al pie de la urna de cristal donde
se halla la osamenta de Cuauhtémoc son candelas, fruta, comida, pan,
mezcal y flores de tierra.
De acuerdo con el libro Cuauhtémoc, el tlatoani fue hijo del
príncipe Ahuízotl, heredero a su vez del octavo tlaoani de México del
mismo nombre, y de la princesa Cuayautitali, hija del señor de
Zompancuahli o Ixcateopan.
Cuauhtémoc vivió de niño y adolescente en esta población hasta
que fue enviado a México-Tenochtitlán para instruirse en el calmécac.
Destacó como guerrero, hombre sabio y alcanzó la investidura
religiosa que requerían los príncipes con posibilidades de asunción
real.
Sigue.
Estos atributos y su noble ascendencia lo convirtieron en
sucesor del trono azteca a la muerte del tlatoani Cuitláhuac en 1521.
Su muerte se debió a un supuesto malentendido de Cortés el martes de
Carnaval de 1525.
Apoyado en el cronista Bernal Díaz del Castillo y en fray
Toribio de Benavente "Motolinía", Jairo Rodríguez, cronista de
Ixcateopan, recuerda que Cortés mandó ahorcar a Cuauhtémoc y a los
reyes de Texcoco y Tacuba, Coanacoch y Tetlepanquetzalli.
Ello, después de que un espía indígena del capitán español los
había escuchado hablar de deshacerse de éste y su pequeño grupo de
soldados peninsulares, mediante la rebelión de los tres mil guerreros
prehispánicos que había en el reino de Acalan.
Los tres ex jefes de estado del Valle de México y seis personas
más fueron ejecutadas, entre ellas el fraile Juan de Tecto, quien se
opuso al asesinato, ocurrido a las tres de la madrugada del día
siguiente en una ceiba o un pochote.
El cadáver de Cuauhtémoc fue decapitado y la cabeza lanzada a un
río, después de haber permanecido 13 días colgado en un árbol.
Tzilacatzin, uno de los 30 guerreros mexicas que servían al tlatoani
en aquel viaje, rescató y llevó a Ixcateopan los restos del último
emperador azteca.
Estos, junto con los de fray Juan de Tecto fueron sepultados en
un lugar del teocali principal de Ixcateopan, luego exhumados y
vueltos a inhumar bajo el altar mayor de la iglesia de la Nuestra
Señora de la Asunción, construida en 1529, por Motolinía, quien había
llegado a evangelizar esa región y se había enterado de la existencia
de la tumba del tlatoani.
El propio Benavente y fray Bernardino de Sahagún escribieron
algunos textos acerca de este asunto secreto, que estuvieron
guardados en la Iglesia de San Hipólito, de la Ciudad de México, y
por alguna razón cayeron en manos de la familia de Salvador
Rodríguez, médico de Ixcateopan y padre de don Jairo Rodríguez.
En 1949 se reveló su contenido al cura local, quien en sermón
hizo pública la existencia de la tumba de Cuauhtémoc en el interior
del templo católico.
Una vez conocido el secreto, "mi padre solicitó la investigación
arqueológica que ordenó el ex presidente Miguel Alemán al Instituto
Nacional de Antropología e Historia y dispuso que las excavaciones
las realizara Eulalia Guzmán.
"Guzmán tardó siete meses en localizar los restos, de febrero a
julio de 1949. Fue así como recuperamos este tesoro de la memoria
histórica de México", finalizó el cronista de Ixcateopan.