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Es muy visitado el Museo de Acero otrora la Fundidora de Monterrey.
mié, 11 de jun de 2008|Compartir:

México, 5 Jun (NTX).- El gobierno del estado de Nuevo León,
en 2007, con apoyo y asesoría del INAH, emprendió el ambicioso
proyecto de restaurar un alto horno y convertido en el Museo del
Acero Horno 3, que es visitado por infinidad de turistas, tanto
mexicanos como extranjeros, y es el orgullo de Monterrey.
Asimismo fue uno de los atractivos que con mayor orgullo
mostraron los regios en el pasado Fórum Universal de las Culturas.
El arquitecto Benjamín Valdez, director de Obras del Centro Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) Nuevo León, fue el encargado de supervisar los trabajos de limpieza y restauración del alto horno 3.
Explicó que durante año y medio se realizó unas de las intervenciones más complicadas para el rescate de esta pieza de arqueología industrial, que consistió básicamente en consolidar la estructura, limpieza profunda del cuerpo central, así como de las naves de los sopladores y las estufas; aplicar selladores y encapsular los óxidos para conservar la apariencia original.
Para el experto, esta restauración no significa solamente el rescate de unos fierros viejos, sino de un patrimonio intangible para los regiomontanos, símbolo de su orgullo, de su historia y de su identidad recientes.
"Me ha tocado ver cómo los viejos que trabajaron en esta planta, lloran de emoción cuando vuelven a ver el horno funcionando", dijo.
Y es que gracias al espectáculo multisensorial que ofrece el "Show del horno", uno de los atractivos más singulares que tiene este moderno museo, es posible recrear el funcionamiento del horno 3 y verlo operar como en sus mejores tiempos.
Con alta tecnología de audio e iluminación, usted puede ver y escuchar de manera simulada cómo se fundan el carbón mineral, el hierro y la piedra caliza en ese gigantesco hogar que ardió a más de mil 200 grados centígrados.
Con ello dio lugar al arrabio, que luego corre por las canaletas, hasta llegar a un carro torpedo, en el que era transportado para su almacenamiento y distribución.
Otro atractivo que ofrece el museo a quien lo visita, es el paseo a la cima del horno. Es posible subir a más de 50 metros de altura por el montacargas original de la planta, que también fue consolidado y restaurado.
Así se disfruta desde las alturas de una vista panorámica del Parque Fundidora, con sus viejas chimeneas; un lago, un auditorio para más de 25 mil espectadores; la Nave Lewis, centro de exposiciones de más 10 mil metros cuadrados; una pista de hielo y diversas plazas arboladas; y al horizonte, toda la ciudad de Monterrey, con su emblemático Cerro de la Silla.
El silbato de la Fundidora marcó por decenios el tiempo de los regiomontanos. Su prolongado sonido llegaba a todos los rincones de la ciudad, y señalaba las horas en que los obreros entraban y salían de la planta, para trabajar, para tomar un refrigerio o para regresar a casa con sus familias.
Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, cuyo primer alto horno fue construido en 1900 por la American Bridge Company, no es sólo la legendaria fábrica que capitaneó la industria del acero en América Latina, sino el símbolo que contribuyó a forjar la identidad de tres generaciones.
La construcción del alto horno 3 confirmó su liderazgo en la década de los sesenta, cuando su producción alcanzaba un millón de toneladas anuales de arrabio.
Pero ese gigante de 2 mil 800 toneladas de acero y más de 60 metros de altura se durmió un día de 1986, tras declararse la quiebra de la empresa. Poco a poco se fue convirtiendo en chatarra, pero logró sobrevivir al abandono y al saqueo.
Ahora el silbato sigue convocando a los regiomontanos, pero ya no a una siderúrgica, sino a un museo de ciencia y tecnología, con estándares de calidad internacional.
NTX/AQF/NFOTO
El arquitecto Benjamín Valdez, director de Obras del Centro Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) Nuevo León, fue el encargado de supervisar los trabajos de limpieza y restauración del alto horno 3.
Explicó que durante año y medio se realizó unas de las intervenciones más complicadas para el rescate de esta pieza de arqueología industrial, que consistió básicamente en consolidar la estructura, limpieza profunda del cuerpo central, así como de las naves de los sopladores y las estufas; aplicar selladores y encapsular los óxidos para conservar la apariencia original.
Para el experto, esta restauración no significa solamente el rescate de unos fierros viejos, sino de un patrimonio intangible para los regiomontanos, símbolo de su orgullo, de su historia y de su identidad recientes.
"Me ha tocado ver cómo los viejos que trabajaron en esta planta, lloran de emoción cuando vuelven a ver el horno funcionando", dijo.
Y es que gracias al espectáculo multisensorial que ofrece el "Show del horno", uno de los atractivos más singulares que tiene este moderno museo, es posible recrear el funcionamiento del horno 3 y verlo operar como en sus mejores tiempos.
Con alta tecnología de audio e iluminación, usted puede ver y escuchar de manera simulada cómo se fundan el carbón mineral, el hierro y la piedra caliza en ese gigantesco hogar que ardió a más de mil 200 grados centígrados.
Con ello dio lugar al arrabio, que luego corre por las canaletas, hasta llegar a un carro torpedo, en el que era transportado para su almacenamiento y distribución.
Otro atractivo que ofrece el museo a quien lo visita, es el paseo a la cima del horno. Es posible subir a más de 50 metros de altura por el montacargas original de la planta, que también fue consolidado y restaurado.
Así se disfruta desde las alturas de una vista panorámica del Parque Fundidora, con sus viejas chimeneas; un lago, un auditorio para más de 25 mil espectadores; la Nave Lewis, centro de exposiciones de más 10 mil metros cuadrados; una pista de hielo y diversas plazas arboladas; y al horizonte, toda la ciudad de Monterrey, con su emblemático Cerro de la Silla.
El silbato de la Fundidora marcó por decenios el tiempo de los regiomontanos. Su prolongado sonido llegaba a todos los rincones de la ciudad, y señalaba las horas en que los obreros entraban y salían de la planta, para trabajar, para tomar un refrigerio o para regresar a casa con sus familias.
Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, cuyo primer alto horno fue construido en 1900 por la American Bridge Company, no es sólo la legendaria fábrica que capitaneó la industria del acero en América Latina, sino el símbolo que contribuyó a forjar la identidad de tres generaciones.
La construcción del alto horno 3 confirmó su liderazgo en la década de los sesenta, cuando su producción alcanzaba un millón de toneladas anuales de arrabio.
Pero ese gigante de 2 mil 800 toneladas de acero y más de 60 metros de altura se durmió un día de 1986, tras declararse la quiebra de la empresa. Poco a poco se fue convirtiendo en chatarra, pero logró sobrevivir al abandono y al saqueo.
Ahora el silbato sigue convocando a los regiomontanos, pero ya no a una siderúrgica, sino a un museo de ciencia y tecnología, con estándares de calidad internacional.
NTX/AQF/NFOTO
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