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Es ballet de Amalia Hernández una proyección de la cultura mexicana
jue, 18 de sep de 2008|Compartir:

México, 18 Sep (NTMX).- Color, fuerza y pasión, olor a
tierra, maíz y dulce, inspiración del pueblo, de su coraje y
esfuerzo, así es el Ballet Folklórico de México, fundado por la
bailarina y coreógrafa Amalia Hernández, nacida el 19 de septiembre
de 1917.
La agrupación, la mejor muestra de su legado, fue fundado en
1952 en una búsqueda permanente por rescatar las tradiciones
dancísticas de México.
Misma que se convirtió en una necesidad vital por proyectar al país en todo el mundo, la belleza del universo en movimiento desde las culturas pre-colombinas, las influencias en la época del virreinato y la fuerza popular de los tiempos revolucionarios.
Amalia Hernández inició en 1952 sus primeras presentaciones que le valieron el reconocimiento del público como representante cultural de esta nación, con un éxito que se ha mantenido vigente, en cada escenario en que su ballet hace acto de aparición.
Desde los años 60, el Ballet Folklórico de México ha realizado la coreografía para 40 ballets formados por 76 bailes regionales. En todos ellos la música, el rigor técnico, los elaborados trajes típicos y las coreografías originales han creado su singular carácter.
Premiado alrededor del mundo con más de 300 preseas, destacan la Legión de Honor de París, El Royal Festival Hall de Londres y el galardón Tiffany de Nueva York.
Catalogada por los críticos como una de las mejores bailarinas y coreógrafas del mundo, la mexicana Amalia Hernández, fallecida el 4 de noviembre de 2000, dejó un legado artístico en su obra que, a través del Ballet Folklórico de México, del que fue creadora y fundadora, continúa con la fuerza que ella le imprimió durante su vida.
Hija del general Lamberto Hernández, quien también fue regente de esta metrópoli, y de Amalia Navarro, maestra, Amalia Hernández Navarro nació en la Ciudad de México.
Sus primeros maestros fueron el exiliado ruso Hipólito Sybine, considerado el mejor bailarín del ballet de Anna Pavlova, y Nesly Dambr, integrante del Ballet de la Opera de París, quien fue destacada conductora de la formación profesional de varios personajes de la danza mexicana.
Por tradición familiar, estaba destinada a seguir la carrera de maestra, siguiendo los pasos de su bisabuela, su abuela y su madre, sin embargo, su interés por la danza fue mayor, lo que hizo que dejara inconclusos sus estudios en la Escuela Normal.
Cursó ritmos indígenas con Gloria Campobello, tap con Tessy Marcu, danza contemporánea con Waldeen, danzas regionales con los maestros Luis Felipe Obregón y Amado López, danza española con Encarnación López, danza oriental con Xenia Zarina y teatro con Seki Sano.
Se especializó también en arte mexicano con Miguel Covarrubias e ingresó a la Escuela Nacional de Danza, donde coincidió con Socorro Bastida, Evelia Beristáin, Martha Bracho, Guillermina Bravo y Josefina Lavalle, entre otras figuras de la danza.
Participó como bailarina, maestra y coreógrafa en la Academia Mexicana de la Danza, al tiempo que creó piezas como "Sonatas" y "Sinfonía India". También formó parte del Ballet Moderno de Waldeen, en el que destacó por su participación en "La coronela".
Su completa formación dancística en clásico y moderno, así como en bailes autóctonos de diversas regiones del país, la llevó en 1952 a crear su primera compañía de danza bajo el nombre de Ballet Moderno de México, con el que se presentó esporádicamente en la Sala Chopin.
Con la agrupación, Amalia estrenó con gran éxito su coreografía "Sones de Michoacán". Su entusiasmo por el baile folclórico la llevó a trabajar en el programa televisivo "Función de gala", dando la sorpresa, al grado de que se transmitieron 67 programas.
El Ballet Moderno de México atrajo la atención del Departamento de Turismo, quien le propuso llevar su espectáculo a otros países, de tal forma que el grupo realizó sus primeras presentaciones en Cuba, Canadá y Estados Unidos.
Su visita a Los Angeles, California, propició la invitación de las autoridades de aquel país para que la agrupación representara a México en los Juegos Panamericanos de Chicago. Se organizó la gira con la participación de 50 bailarines, integrantes del ahora llamado Ballet Folklórico de México.
Tras su exitosa presentación en aquel país, Amalia Hernández solicitó al Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) que se programaran presentaciones semanales del Ballet en el Palacio de mármol. De tal manera que a partir del domingo 11 de octubre de 1959 iniciaron las funciones permanentes del grupo.
Fue tal el éxito de la agrupación que se destinó otro espacio para sus funciones los miércoles por la noche.
La compañía conquistó desde sus primeros años de vida escenarios internacionales y obtuvo el apoyo oficial gracias al talento y profesionalismo de Amalia, quien convirtió a su Ballet en uno de los más importantes del mundo.
El Ballet Folklórico de México ha difundido el sentir mexicano alrededor del mundo. Desde 1961, año en que obtuvo el primer galardón en el Festival de las Naciones, en París, Francia, la agrupación ha mantenido el alto nivel de sus presentaciones y es reconocida en cualquier escenario que se pare.
En 1994 se publicó el libro "El Ballet Folklórico de México de Amalia Hernández", el cual contiene una semblanza de la artista, la historia y proyección de su obra, con textos de Gabriela Aguirre Cristiani y Felipe Segura, y fotografías de Jorge Contreras Chacel.
Misma que se convirtió en una necesidad vital por proyectar al país en todo el mundo, la belleza del universo en movimiento desde las culturas pre-colombinas, las influencias en la época del virreinato y la fuerza popular de los tiempos revolucionarios.
Amalia Hernández inició en 1952 sus primeras presentaciones que le valieron el reconocimiento del público como representante cultural de esta nación, con un éxito que se ha mantenido vigente, en cada escenario en que su ballet hace acto de aparición.
Desde los años 60, el Ballet Folklórico de México ha realizado la coreografía para 40 ballets formados por 76 bailes regionales. En todos ellos la música, el rigor técnico, los elaborados trajes típicos y las coreografías originales han creado su singular carácter.
Premiado alrededor del mundo con más de 300 preseas, destacan la Legión de Honor de París, El Royal Festival Hall de Londres y el galardón Tiffany de Nueva York.
Catalogada por los críticos como una de las mejores bailarinas y coreógrafas del mundo, la mexicana Amalia Hernández, fallecida el 4 de noviembre de 2000, dejó un legado artístico en su obra que, a través del Ballet Folklórico de México, del que fue creadora y fundadora, continúa con la fuerza que ella le imprimió durante su vida.
Hija del general Lamberto Hernández, quien también fue regente de esta metrópoli, y de Amalia Navarro, maestra, Amalia Hernández Navarro nació en la Ciudad de México.
Sus primeros maestros fueron el exiliado ruso Hipólito Sybine, considerado el mejor bailarín del ballet de Anna Pavlova, y Nesly Dambr, integrante del Ballet de la Opera de París, quien fue destacada conductora de la formación profesional de varios personajes de la danza mexicana.
Por tradición familiar, estaba destinada a seguir la carrera de maestra, siguiendo los pasos de su bisabuela, su abuela y su madre, sin embargo, su interés por la danza fue mayor, lo que hizo que dejara inconclusos sus estudios en la Escuela Normal.
Cursó ritmos indígenas con Gloria Campobello, tap con Tessy Marcu, danza contemporánea con Waldeen, danzas regionales con los maestros Luis Felipe Obregón y Amado López, danza española con Encarnación López, danza oriental con Xenia Zarina y teatro con Seki Sano.
Se especializó también en arte mexicano con Miguel Covarrubias e ingresó a la Escuela Nacional de Danza, donde coincidió con Socorro Bastida, Evelia Beristáin, Martha Bracho, Guillermina Bravo y Josefina Lavalle, entre otras figuras de la danza.
Participó como bailarina, maestra y coreógrafa en la Academia Mexicana de la Danza, al tiempo que creó piezas como "Sonatas" y "Sinfonía India". También formó parte del Ballet Moderno de Waldeen, en el que destacó por su participación en "La coronela".
Su completa formación dancística en clásico y moderno, así como en bailes autóctonos de diversas regiones del país, la llevó en 1952 a crear su primera compañía de danza bajo el nombre de Ballet Moderno de México, con el que se presentó esporádicamente en la Sala Chopin.
Con la agrupación, Amalia estrenó con gran éxito su coreografía "Sones de Michoacán". Su entusiasmo por el baile folclórico la llevó a trabajar en el programa televisivo "Función de gala", dando la sorpresa, al grado de que se transmitieron 67 programas.
El Ballet Moderno de México atrajo la atención del Departamento de Turismo, quien le propuso llevar su espectáculo a otros países, de tal forma que el grupo realizó sus primeras presentaciones en Cuba, Canadá y Estados Unidos.
Su visita a Los Angeles, California, propició la invitación de las autoridades de aquel país para que la agrupación representara a México en los Juegos Panamericanos de Chicago. Se organizó la gira con la participación de 50 bailarines, integrantes del ahora llamado Ballet Folklórico de México.
Tras su exitosa presentación en aquel país, Amalia Hernández solicitó al Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) que se programaran presentaciones semanales del Ballet en el Palacio de mármol. De tal manera que a partir del domingo 11 de octubre de 1959 iniciaron las funciones permanentes del grupo.
Fue tal el éxito de la agrupación que se destinó otro espacio para sus funciones los miércoles por la noche.
La compañía conquistó desde sus primeros años de vida escenarios internacionales y obtuvo el apoyo oficial gracias al talento y profesionalismo de Amalia, quien convirtió a su Ballet en uno de los más importantes del mundo.
El Ballet Folklórico de México ha difundido el sentir mexicano alrededor del mundo. Desde 1961, año en que obtuvo el primer galardón en el Festival de las Naciones, en París, Francia, la agrupación ha mantenido el alto nivel de sus presentaciones y es reconocida en cualquier escenario que se pare.
En 1994 se publicó el libro "El Ballet Folklórico de México de Amalia Hernández", el cual contiene una semblanza de la artista, la historia y proyección de su obra, con textos de Gabriela Aguirre Cristiani y Felipe Segura, y fotografías de Jorge Contreras Chacel.
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