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Vidrio soplado, artesanía efímera que se niega a morir

lun, 26 de ene de 2015|Compartir:
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Álamos, Son. 25 Ene (Notimex).- Originario de Tlaxcala, Rufino Ruiz Guarneros es un maestro artesano, que desde hace 15 años visita este Pueblo Mágico para mostrar sus figuras en vidrio soplado, en el marco del Festival Alfonso Ortiz Tirado, donde, dice, siempre encuentra buena respuesta de la gente hacia sus obras, tanto las sencillas como las elaboradas.
Se trata de un oficio en el que se invierte mucho tiempo y cuyo pago, como el de la artesanía en general en este país, no compensa la dedicación y mucho menos el desgaste sufrido tanto en sus manos como en su vista, cansada ya tras cuatro décadas dedicadas a moldear frágiles figuras, muchas de ellas efímeras. Ello no importa a Don Rufino pues es el trabajo que le agrada, el que eligió para pasar la vida y el que ha heredado ya a una nueva generación. Don Rufino comenta a Notimex que se inició como aprendiz en la artesanía en vidrio soplado hace ya 40 años, en Tijuana, Baja California, donde trabajaba para un estadounidense que exportaba piezas que a ellos les pagaba a destajo. Era joven y tenía energía para emplearse a fondo. Ganaba bien y pronto se metió de lleno al proceso creativo y artístico, aprendiendo los trucos de la temperatura y el tiempo de exposición al fuego de cada pieza, hasta irse perfeccionando. "Va uno superándose, poniéndole más ganas, experimentando hasta lograr el resultado deseado; hay piezas que toman poco tiempo y, en consecuencia, la calidad no es la misma de objetos más elaborados, pero tenemos que comercializarlas para vivir", añade resignado, pues a veces reprime su creatividad en aras de vender para comer. Asegura, de hecho, que hace mucho tiempo que no suben los precios, por eso, para poder sobrevivir en un mercado como el de Álamos, sobre todo se hacen cosas sencillas para personas de escasos recursos, y solo algunas de las más elaboradas para que se las lleve el turismo. Y es que uno de lo problemas es que la gente lo considera un material bello pero frágil y, por tanto, efímero. No obstante, la belleza de sus obras ha hecho que sobreviva en el ramo artesanal y haya heredado el oficio ya a otra generación, la de dos de sus hijos, que están en Ensenada y que también practican la elaboración de artesanía en vidrio soplado, con buena aceptación. Rufino y su esposa viven ahora en Hermosillo y tienen 15 años de venir a Álamos, a donde, asegura, llega gente que aprecia la artesanía y el trabajo que hacen sus manos de artista, que lo mismo moldean animales en miniatura, que seres mitológicos o delicadas flores. Puede engarzar un colorido dije o crear un elaborado carrusel; dar vida a un dragón o a un ser angelical. Desde luego que lo hago para ganar dinero para sobrevivir -admite- pero sobre todo porque ama hacerlo, de otra forma se hubiera dedicado a cualquier otra cosas que le permitiera hacer dinero para sacar adelante a su familia. Lo importante, dice, es que la gente aprecie el arte del vidrio soplado, que la gente sepa que no se trata sólo de girarlo sobre un mechero ardiente, que tiene su chiste y que de sus manos seguirá brotando arte.

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