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Día de Muertos, una malentendida mexicanidad en Colima

Por Jorge Alberto Ruiz Chávez. Corresponsal
Colima, 1 Nov (Notimex).- Aun cuando perdura la esencia original de la tradición de esta región, la celebración del Día de Muertos en Colima se ha modificado por una malentendida mexicanidad o folclorismo, señaló el historiador y cronista Noé Guerra Pimentel.
En entrevista con Notimex, consideró que el uso en la entidad de costumbres ajenas, como los altares con comidas, la flor de cempasúchil y hasta la música, entre otras, ha generado un cambio en la festividad.
Afirmó que el criollismo local era más austero, por lo que la celebración de muertos era muy sencilla.
“Seguro habrás de recordar que la abuelita o la mamá colocaban en una esquina velas de sebo prendidas, dedicadas a los fallecidos, familiares o seres queridos, una fotografía de éste y un vaso con agua, era todo lo que se ponía ahí”, explicó.
Mientras que al difunto mayor se le dedicaban rezos, y cantos a los menores, a quienes llamaban los angelitos.
Al detallar la manera en que se celebraba en Colima el Día de Muertos hasta antes de los años ochenta del pasado siglo, dijo que así era en la mayoría de los casos.
“En otras ocasiones, en un altarcito que se ponía en una improvisada repisa de madera, se colocaban la foto o fotos de los difuntos, y una vela de sebo o veladora que se prendía la noche del 31 de octubre para el 1 de noviembre y se le rezaba, e igual del 1 para el 2”, añadió.
Guerra Pimentel expuso que, también como una añeja costumbre, se acudía al panteón sólo con un ramo de flores naturales o una corona de papel crepé, se limpiaba la tumba y se regaba.
Asimismo, se ornamentaba con las flores que se llevaban, depositadas en algún recipiente o tendidas sobre la tumba, se acompañaba un rato al difunto y se le rezaba.
“Todavía hay mucha gente que persigue esta condición, y hasta te diré que mi familia lo sigue haciendo, pues vamos, limpiamos, rezamos y nos retiramos”, resaltó.
En ese sentido, admitió que las costumbres funerarias existen y han ido cambiando al paso de los siglos, pues de acuerdo con documentos y hallazgos, la tradición en Colima remite a la época precolombina o precortesiana, en la que se llevaban dos formas funerarias.
“Una, para los grandes señores, con sepulcros o tumbas de tiro en las que se ponían ricas ofrendas, incluso considerando hasta a los propios esclavos o sirvientes del difunto, el perro que lo cuidaba, las monedas, una ofrenda riquísima en vasijas y demás ornamentaciones, en una bóveda de cuatro y hasta siete metros bajo tierra”, dijo.
Mientras que las de la gente común eran a ras de suelo, cubiertos con piedras o lajas, formando cistas funerarias, y nada más.
“Cuando llegan los españoles en el siglo XVI, esta forma evoluciona producto del sincretismo, y se instauran ya las fosas de dos metros bajo tierra en promedio, en la que se sepulta al individuo, sea mujer o sea hombre, y se pone la cruz de la religión católica”, agregó.
Detalló que ese formato de sepulcro progresó hasta el siglo XIX, cuando paralelamente se dieron dos cementerios, uno creado en el siglo XVI, en las inmediaciones de lo que ahora es la Basílica Menor en el centro de esta capital, donde en el atrio, en el altar y hasta en las paredes, se sepultaba a los grandes señores, a los ricos.
Posteriormente, el panteón fue cambiado a las inmediaciones del jardín José Silverio Núñez, para de ahí pasar al tercer camposanto, entre la calzada Pedro A. Galván y la avenida Madero, ahí hacia el suroeste, de lo que ahora es la colonia El Moralete.
Por último, y debido a la fiebre amarilla que provocó miles de muertes a finales del siglo antepasado, en 1883, el panteón se reubicó al predio de Las Víboras, donde hasta la fecha se localiza el Cementerio Municipal.
“En el año de 1856 se sepultó al primer extranjero en el Panteón de los Gringos, porque ellos hicieron cementerio aparte en razón de que no eran católicos, no eran profesantes de la religión dominante, sino protestantes la mayoría”, anotó.
“Ese cementerio, que ya no funciona, se ubica en avenida Tecnológico y Venustiano Carranza, ahora se llama Jardín del Recuerdo y el último cuerpo sepultado ahí fue en 1947, pero ya no hay cuerpos ahí, la mayoría fueron sustraídos y posteriormente, en los años setentas, las lápidas fueron producto del vandalismo”, detalló.
Indicó que en esa evolución o acomodo de los diferentes cementerios de Colima, la costumbre del Día de Muertos tuvo su mayor arraigo en el actual, desde 1883, pues fue donde se acendró la tradición de llevar flores naturales o corona de papel crepé.
Además de realizar la limpieza de la tumba y rezarle unos minutos al ser querido.
Guerra Pimentel rememoró que fue a partir de los años ochentas, el siglo pasado, cuando de manera ornamental, el profesor Miguel Ángel Cuervo, del entonces Centro de Educación Artística que ahora se llama Juan Rulfo, presentó la primera ofrenda a la usanza oaxaqueña, michoacana o chiapaneca.
“En su composición criolla, Colima fue renuente durante muchos años a este tipo de ofrendas propias de este acendrado catolicismo o religión en esas comunidades o regiones indígenas, pero finalmente cedió, por lo que creció esa costumbre ajena”, manifestó.
Señaló que a consecuencia de esa malentendida mexicanidad o folclorismo, se fueron incorporando emblemas como la flor de cempasúchil, que ni siquiera se producía en la región, símbolos como la sal y la ceniza, el arco de flores, o bien de hojas de papel picado.
El historiador colimense destacó que otro elemento es la música, pues consideró que los grupos musicales han sido producto de esa influencia, ya que la tradición de esta entidad, con 200 o 300 años, no hablaba ni habla de eso.
“¿Se hace por imitación, porqué queremos convertir el acto ritual en fiesta? No va con la tradición, ya que el acto de acompañar al difunto era un acto íntimo, que era estar con él y nada más, pero malamente es lo que últimamente predomina cada 1 de noviembre, cuando a los difuntos les debemos respeto”, estimó.
La tradición traída de otros lugares, abundó, ha ido más allá, pues hay quienes llevan sillas y hamacas, comida hasta para preparar ahí, cerveza, vino, “y eso no es acompañar a nuestros difuntos, además de que no es costumbre nuestra”.
Guerra Pimentel indicó que, a pesar de ello, podría ser una reacción para evitar y erradicar ejemplos anglosajones, lo cual es positivo, pues la costumbre mexicana en términos generales contiene un propósito intimista, que es el de estar con los ausentes.
Ejemplificó las conmemoraciones de Michoacán, Guerrero y Chiapas, o como se celebra o celebraba en Colima.
En ese contexto, advirtió que la autoridad debería difundir las costumbres y tradiciones propias, “y lo que Notimex está haciendo es parte de eso, difundir cómo lo hacíamos, con lo que podemos abonar de alguna manera a que la gente se retraiga en esta celebración”.
“Creo que, a pesar de todo, se preservará el Día de Muertos original, es una costumbre muy arraigada, una tradición propiamente dicha y es una forma de expresión muy mexicana que no sólo se ha mantenido en México, sino que ha crecido más allá de las fronteras”, subrayó.
NTX/JARCH/LTS/VGT/MUERTOS16
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