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Identidad y fortaleza.
lun, 18 de sep de 2006|Compartir:

Por Teresa Gurza / Notimex
Michoacán tiene en la cultura purépecha la base de su identidad y fortaleza. Y ella se refleja en sus costumbres y tradiciones; en sus construcciones, pinturas, textiles, música, artesanía de barro y madera; y por supuesto, también en su comida.
Michoacán tiene en la cultura purépecha la base de su identidad y fortaleza. Y ella se refleja en sus costumbres y tradiciones; en sus construcciones, pinturas, textiles, música, artesanía de barro y madera; y por supuesto, también en su comida.
Por la calidad de sus platillos y por la riqueza y potencialidad
de su gastronomía, el gobierno que preside Lázaro Cárdenas Batel está
impulsando el trabajo de las mujeres de la entidad, para dar a
conocer a los turistas mexicanos y extranjeros la gastronomía y la
riqueza culinaria del estado.
Y como parte de esta labor, ha editado un precioso libro con las fotografías de esas excelentes cocineras y de los manjares que preparan en las fiestas y en la vida diaria.
El libro se titula Paranguas, Hogar de Manjares Michoacanos y me lo regaló el ex gobernador y actual secretario de Turismo de Michoacán, Genovevo Figueroa Zamudio, cuando hace poco estuvo en Chile para participar en la Cumbre de Turismo que se realizó en la ciudad de Valdivia.
Se llama Paranguas a las tres piedras que nunca faltan en las casas michoacanas para albergar el fogón y sostener ollas y comales. Por ser lugar sagrado y centro de las reuniones familiares, cuando los hombres llegan ahí después de las jornadas de trabajo, se quitan el sombrero y es precisamente en este lugar donde se celebran las alegrías, se comparten las penas, se recuerda a los ausentes, y se fomenta el respeto a la tierra, a la naturaleza, al maíz, a los ancianos; en suma, a las tradiciones.
En su nutrido calendario de fiestas, las puertas de las viviendas permanecen abiertas de par en par y los purépechas demuestran su hospitalidad y solidaridad a sus visitantes ofreciendo comida a todos los que llegan, sin distingo alguno.
Con sólo abrir este libro que recoge la palabra, el testimonio y la imagen de muchas expertas cocineras, con sólo ver las fotografías y leer los textos en los que participaron Cristina Barros y Prisciliano Rosales, se me hizo agua la boca.
¨Quién que haya ido a Morelia, o a Pátzcuaro, no recuerda las deliciosas enchiladas placeras, el pescado blanco, los uchepos, los churipos, las corundas, el menudo o los desayunos con calabaza en tacha?
¨Y para qué hablar de las deliciosas tortillas bicolores de Anhaguan; de la morisqueta de Apatzingán; de la cecina de la Huacana; del chorizo de la Tierra Caliente; del chivo en barbacoa de Cointzio; del mole de Zacán; de las tortillas rojas de Ichán; los quelites de Pamacuarán; los hongos de los bosques de Senguio; el aporreadillo de Zacán; de la sopa Tarasca; de las carnitas de Carmelo en Quiroga o de El Patillas en Uruapan; del queso de Cotija; o de los buñuelos con atole de chaqueta o de nurita?
¨Y qué me dicen de los chilacayotes de San Felipe los Herreros, las conchas de Queréndaro, la salsa de chile de árbol hecha en molcajete, los torrejas de charalitos de Cuitzeo, el pato en molito de Janitzio, y las tortillas con huitlacoche, flor de calabaza o aguacate de todos lados?
Con decirles que en Michoacán es rico hasta el pico de gallo, como se llama a esa mezcla de frutas picadas que venden en las esquinas.
Y por cierto, el mejor pico de gallo que he probado es el del Güero, cuyo puesto está, o estaba hace algunos años, frente a la casa del doctor Figueroa; residencia que ahora se ha transformado en el excelente restaurante Los Mirasoles de su hijo Fernando.
Y es que la comida de Michoacán es uno de los rasgos distintivos del pueblo; y a la vez, muestra el conocimiento que tienen sobre su manejo y acerca de las propiedades alimenticias y curativas de plantas, peces y hongos, del maíz, fríjol y los diferentes chiles.
Conocimientos que han podido conservar durante siglos y trasmitido de generación en generación de madres a hijas, que siguen sabiendo como mezclarlos y servirlos, para nutrir el alma y deleitar el gusto.
Y es tan fuerte la tradición, que se conserva aún cuando emigran y yo misma he visto en pueblos de California, dónde se han radicado cientos de miles de michoacanos, restaurantes con nombres que recuerdan a sus pueblos. Con decirles que han instalado allá hasta paleterías La Michoacana.
Anímese, viaje a Michoacán y tendrá experiencias que pasan por la vista, el olfato y el gusto. (Notimex)
(La autora es periodista mexicana radicada en Chile)
Y como parte de esta labor, ha editado un precioso libro con las fotografías de esas excelentes cocineras y de los manjares que preparan en las fiestas y en la vida diaria.
El libro se titula Paranguas, Hogar de Manjares Michoacanos y me lo regaló el ex gobernador y actual secretario de Turismo de Michoacán, Genovevo Figueroa Zamudio, cuando hace poco estuvo en Chile para participar en la Cumbre de Turismo que se realizó en la ciudad de Valdivia.
Se llama Paranguas a las tres piedras que nunca faltan en las casas michoacanas para albergar el fogón y sostener ollas y comales. Por ser lugar sagrado y centro de las reuniones familiares, cuando los hombres llegan ahí después de las jornadas de trabajo, se quitan el sombrero y es precisamente en este lugar donde se celebran las alegrías, se comparten las penas, se recuerda a los ausentes, y se fomenta el respeto a la tierra, a la naturaleza, al maíz, a los ancianos; en suma, a las tradiciones.
En su nutrido calendario de fiestas, las puertas de las viviendas permanecen abiertas de par en par y los purépechas demuestran su hospitalidad y solidaridad a sus visitantes ofreciendo comida a todos los que llegan, sin distingo alguno.
Con sólo abrir este libro que recoge la palabra, el testimonio y la imagen de muchas expertas cocineras, con sólo ver las fotografías y leer los textos en los que participaron Cristina Barros y Prisciliano Rosales, se me hizo agua la boca.
¨Quién que haya ido a Morelia, o a Pátzcuaro, no recuerda las deliciosas enchiladas placeras, el pescado blanco, los uchepos, los churipos, las corundas, el menudo o los desayunos con calabaza en tacha?
¨Y para qué hablar de las deliciosas tortillas bicolores de Anhaguan; de la morisqueta de Apatzingán; de la cecina de la Huacana; del chorizo de la Tierra Caliente; del chivo en barbacoa de Cointzio; del mole de Zacán; de las tortillas rojas de Ichán; los quelites de Pamacuarán; los hongos de los bosques de Senguio; el aporreadillo de Zacán; de la sopa Tarasca; de las carnitas de Carmelo en Quiroga o de El Patillas en Uruapan; del queso de Cotija; o de los buñuelos con atole de chaqueta o de nurita?
¨Y qué me dicen de los chilacayotes de San Felipe los Herreros, las conchas de Queréndaro, la salsa de chile de árbol hecha en molcajete, los torrejas de charalitos de Cuitzeo, el pato en molito de Janitzio, y las tortillas con huitlacoche, flor de calabaza o aguacate de todos lados?
Con decirles que en Michoacán es rico hasta el pico de gallo, como se llama a esa mezcla de frutas picadas que venden en las esquinas.
Y por cierto, el mejor pico de gallo que he probado es el del Güero, cuyo puesto está, o estaba hace algunos años, frente a la casa del doctor Figueroa; residencia que ahora se ha transformado en el excelente restaurante Los Mirasoles de su hijo Fernando.
Y es que la comida de Michoacán es uno de los rasgos distintivos del pueblo; y a la vez, muestra el conocimiento que tienen sobre su manejo y acerca de las propiedades alimenticias y curativas de plantas, peces y hongos, del maíz, fríjol y los diferentes chiles.
Conocimientos que han podido conservar durante siglos y trasmitido de generación en generación de madres a hijas, que siguen sabiendo como mezclarlos y servirlos, para nutrir el alma y deleitar el gusto.
Y es tan fuerte la tradición, que se conserva aún cuando emigran y yo misma he visto en pueblos de California, dónde se han radicado cientos de miles de michoacanos, restaurantes con nombres que recuerdan a sus pueblos. Con decirles que han instalado allá hasta paleterías La Michoacana.
Anímese, viaje a Michoacán y tendrá experiencias que pasan por la vista, el olfato y el gusto. (Notimex)
(La autora es periodista mexicana radicada en Chile)
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